Con la mente en blanco
Metido en el punto muerto final
Desde la tarde en que tuve el privilegio principal
Conocer tu cuerpo
Saber como lo hacías
Saber que lo hacías sin preguntar
Qué sutilezas era necesario cometer
Pero luego dijiste que no
Que no era necesario en tu vida
Que ibas a quedar así
Virgen y etérea
Dueña de ti, y de mí, y de nuestros destinos
Y ya no me quedan modificaciones posibles
A tus versos más importantes
O sea, los más delirantes
Y por eso he quedado,
Trancado, en el punto muerto final
Con la mente en blanco
Con ganas de llorar un día entero.
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